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365 días de atención directa.

1 Porque sabemos que puede surgir cualquier incidencia o duda en cualquier momento.

+30 años de experiencia.

2 Probablemente hayamos solucionado problemas similares, sin embargo nos esforzamos constantemente para conocer las necesidades reales de las comunidades de propietarios. 

Últimas tecnologías.

3 Si hemos de conocer y solucionar un problema, preferimos que sea hoy. Agiles y eficaces en la gestión de incidencias. Contará siempre con el respaldo de administradores de fincas colegiados.

Una relación de Confianza.

4 La comunicación constante con las Juntas Directivas y resto de copropietarios contribuye a la transparencia en el desarrollo de nuestro trabajo.

Un buen proveedor es un tesoro: consérvalo (si puedes).

Un buen día alguien nos presenta a un señor de cualquier oficio.

Me gusta mirarlo a los ojos y hablar con total franqueza, midiendo las palabras en la medida en que éstas puedan resultar promesas que no pueda cumplir. No es sencillo trabajar para una comunidad de propietarios, ya que la exigencia es máxima a precios ajustados.

Se puede ser mejor o peor en una disciplina (que nadie se engañe), pero con trabajo y seriedad (la honradez, la doy por descontada) pocas puertas se cerrarán.

Un buen proveedor, al menos para mí, es con el que no pierdo la confianza. Ante cualquier imprevisto estoy informado, ante una eventualidad somos un equipo rápido y resolutivo. Prefiero saber la verdad ante una contingencia, una incidencia no atendida, una orden no realizada….

Me gusta exigirle, en calidad y en precio, pero no ahogarle (de lo contrario, no quedará otra salida que engañarme indefectiblemente de un modo u otro). A menudo realizan trabajos desinteresados para las fincas en las que trabajan, sin contraprestación y a veces sin reconocimiento alguno.

Como he dicho, quien tiene un buen proveedor, que lo conserve con sumo cuidado, sin que lo deslumbren alternativas inverosímiles. Nadie daba duros a cuatro pesetas.

 

IBAN EL TERRIBLE

Buenos días, no sé si habrá recibido un correo electrónico y/o carta y/o llamada telefónica nuestra días pasados, bien SMS, informándole de los dígitos bancarios que obran en nuestro poder a fin de que los comprobase, subrayándole el IBAN calculado (el IBAN son los 24 dígitos, no el “ESXX”, sino también el resto, que son de la misma familia) por si era correcto. Se le advertía de la necesidad de disponer el IBAN para seguir emitiendo recibos por banco, nada de un capricho por falta de trabajo en nuestro despacho. Esta carta ha estado macerándose en diversas estancias: pegada en el frigo, al abrigo de un casillero de correspondencia fantasma o simplemente traspapelada con la publicidad de Carrefour. Los SMS´s se han mezclado con los whatsapp´s  Con suerte se han leído las cartas, dándose los números como buenos (total, los cargos me vienen, piensan muchos de ellos) aunque los rótulos de las sucursales con dichos dígitos bancarios ya han sido reciclados en toda España. Se han utilizado por nuestro despacho todos los medios legales para sanear estos datos con la única finalidad de que llegado el momento del ADEUDO DIRECTO SEPA no se devuelva, y mejor no hablar de las órdenes de domiciliación.

¿Los bancos podían haber hecho algo más en este tránsito? los grandes proveedores no creo que hayan tenido ningún problema ni hayan dedicado denodados esfuerzos irrecompensables en esta tediosa tarea de obtener el famoso IBÁN EL TERRIBLE. Evidentemente tendría un coste para él comunicar a los proveedores habituales que la cuenta semi-extinta a la que giran los recibos, y que se atienden con normalidad por parte del cliente común, no es digamos la buena. Sí que nos comunican los Bancos los cambios de domiciliación bancaria, ¿y por qué no esto? no quiero pensar en los gastos de devolución que se generen, y que el banco recibirá sea de quien sea: del cliente común, de la comunidad de propietarios, ya sea del propio administrador  de fincas, y francamente no veo una responsabilidad de ninguno de estos tres agentes.

Al mitad de  abril anda algún rezagad@ remiso a abrir su libreta y ponerse a leer lo que llega a ser un jerogrífico doméstico.